José Cabrera Lobato

(Comisario de Policía | Experto en narcotráfico y mafias en la Costa del Sol)

· En 1977 forma parte del Grupo Especial de I. de Estupefacientes “Costa del Sol”.
· En 1982 es nombrado Jefe del Grupo 5º (Investigación del Tráfico de estupefacientes en Málaga).
· En 1988 es nombrado Jefe de la Sección de Provincial de estupefacientes de Málaga.
· En 1992 es ascendido a Comisario y destinado a Algeciras.
· En 1997 recibe la Encomienda al Mérito Civil.
· Ha impartido cursos sobre drogas en cursos para policías nacionales y locales.
· Tiene 126 felicitaciones públicas de la D.G. de la Policía y está en posesión de dos cruces al mérito policial: una con distintivo blanco y otra, con distintivo rojo.

Vivencias de un Policía - Tráfico de Drogas en la Costa del Sol

A través de la narración de sus vivencias como experto en narcotráfico, demuestra cómo, en pocos años, del tráfico de una pequeña "china" de hachís se pasó a perseguir a distintas organizaciones mafiosas. En el libro narra anécdotas desconocidas para el gran público, algo que no quedó registrado en los medios de comunicación que se hicieron eco de las grandes operaciones contra el narcotráfico.

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Publicado en la web Málaga Hoy en Diciembre de 2011

SE fue en silencio el 11 del 11 de 2011, mientras el mundo andaba distraído hablando del sorteo especial de lotería, de la fecha capicúa, de la dimisión de Silvio Berlusconi o de la campaña electoral. El 11 del 11 de 2011 el reloj se paró para José Cabrera Lobato, uno de los policías clave del mítico grupo Costa del Sol, aquel equipo que sentó las bases de la lucha contra el tráfico de drogas en España.

Estaba tranquilo. Había llevado su enfermedad con la misma paciencia que años atrás demostraba en los seguimientos policiales, como si le sobrara el tiempo pero sin distraerse ni un minuto.

Los últimos años de su vida, ya retirado, los dedicó a escribir. Su libro Vivencias de un policía es una reflexión sobre un oficio al que se entregó quizá en demasía, como todos los componentes del grupo Costa del Sol con los que él hizo equipo: José Antonio Ruiz Bolaños, Ricardo Ruiz Coll, Gonzalo Prieto, Fernando Camacho, Cecilio Oliva o Marcos Martínez. Todos ellos y alguno más crearon una manera nueva de trabajar a medida que iban avanzando en el conocimiento del mundo del narcotráfico. El grupo Costa del Sol se propuso llegar a los capos de la droga, y lo consiguió y su éxito fue tan grande que incluso en 1980 recibió un premio máster de popularidad. Detrás quedaba todo lo que no se veía, todo lo que arriesgaban. Se movían casi en el filo de la navaja, trabajando con confidentes, o "informadores" o "colaboradores" como le gustaba recordar a José Cabrera. Confidentes que a veces ofrecían información por venganza, por enfrentamiento o por dinero, y que permitieron descubrir un submundo inimaginable a finales de los sesenta, en el que las mafias francesas e italianas intentaban establecer sus tentáculos.

Ahora que José Cabrera se ha ido, nos quedan sus recuerdos, esos que contaba sentado en el sillón marrón del salón de su casa de Álora, como si los hubiera vivido el día anterior. Hablaba de lo mucho que arriesgaron en el grupo Costa del Sol con la figura del agente encubierto. Uno de los miembros del grupo se hacía pasar por traficante para comprar droga usando un maletín con doscientos mil dólares falsos, o con recortes de periódico y billetes de curso legal en lo alto. El objetivo era obtener el mayor tipo de información y salir huyendo simulando sorpresa cuando la policía llegaba inesperadamente a abortar la operación.

En su última etapa siempre decía que no estaba arrepentido de aquel trabajo sin horas, de pasarse semanas sin aparecer por casa, de poner su vida en peligro más de lo que debiera, pero que no lo repetiría si volviera a nacer, y aconsejaba a todos los policías jóvenes que no se dejen llevar por la vanidad de un éxito policial, que nunca vayan más allá de lo que las circunstancias le aconsejen.

A él tanta entrega no le costó el divorcio. Tuvo suerte. Paquita, su mujer, ha estado junto a él hasta el último minuto, cuidándolo y aprendiendo para poder hacerse cargo ella sola de todo el trabajo que él hacía en el campo. Su recuerdo llenará el viernes a las siete de la tarde la iglesia de la Encarnación de Álora. Amigo Cabrera, descansa en paz.

Fuente: malagahoy.es

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"Los que caminan solos" en TVE2 a las 14:35



Hoy Lunes 11 de julio a las 14:35 de la tarde podréis disfrutar de nuevo con el documental “Los que Caminan Solos” en el espacio "Documentales Culturales" de TVE2.


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"Los que caminan solos" en TVE2 a las 21:00h



Hoy Lunes 7 de marzo a las 9 de la noche podréis disfrutar con el documental “Los que Caminan Solos”, a cargo del Grupo Policial contra el Narcotráfico “Costa del Sol”.

"En los años 70 y prácticamente partiendo de cero se creó en Málaga la primera brigada policial antidroga: el Grupo Costa del Sol. Este documental reconstruye el proceso de formación y orfganización del equipo, así como sus logros en la lucha contra el narcotráfico." - rtve


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Historia del Grupo Costa del Sol


Documental titulado “Los que Caminan Solos”, a cargo del Grupo Policial contra el Narcotráfico “Costa del Sol”.

“Aquello daba pena. Era un cuartucho con dos máquinas de escribir y varios ceniceros llenos de colillas. Había un olor horroroso”. Así describen aquel pequeño habitáculo de la entonces Comisaría de Torremolinos donde tendría su base el primer Grupo Especial Antidroga creado en España. Pero nada de esto se sabía en 1975, cuando se creó.

La realidad, como lo demostrarían los hombres del “Costa del Sol”, era bien diferente, porque España, y muy especialmente el litoral andaluz entre Cádiz y Almería, era ya la puerta de entrada de centenares de kilos de hachís, transportados desde Marruecos por redes ya organizadas, que empezaban a contactar en Holanda con las organizaciones de la heroína, y aquí con delincuentes urbanos que vieron en el narcotráfico un negocio de beneficios impensables.

Desde Málaga, nueve policías escribirían la historia del mítico “Grupo Costa del Sol: Los Primeros tras la Droga”.


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Publicado en la web Málaga Hoy en julio de 2009


Ya se retiró hace unos años de la Policía pero sus ojos y su discurso todavía no han olvidado muchos de los momentos, buenos y malos, que pasó mientras estuvo al frente de la Sección de Estupefacientes de la Costa del Sol de la Policía Nacional en la década de los 80. Una sección que prácticamente nació a la par que fueron entrando, y conociéndose, las drogas en Málaga y en el resto del país. Precisamente por eso fue más duro ya que, por una parte, se desconocía el tamaño que podía adquirir ese mercado clandestino y, por otra, la más importante, no se sabía qué efectos podrían producir en las personas. De hecho, los policías nacionales de aquella época, que estaban curtidos en mil batallas como los de ahora, se llegaban incluso a sorprender al ver cómo la droga era capaz de destrozar física y psíquicamente a personas jóvenes y a cambiarles su modo habitual de vida, pasando de ser gente normal a delincuentes.

"Al principio de los 80 entró con fuerza la heroína y la mayoría de los toxicómanos no trabajaban, por lo que la única forma de obtener dinero para sus dosis era robando los radiocasetes del interior de los vehículos o dando tirones de bolsos", recuerda José Cabrera Lobato, policía veterano que ha publicado recientemente un libro titulado Vivencias de un policía. Tráfico de drogas en la Costa del Sol 1976-1992, editado por G33, y que ayer explicó su experiencia en primera persona en una conferencia en la Asociación de la Prensa de Málaga.

La droga, lógicamente, no llegaba por arte de magia a Málaga, sino que cada vez se fueron creando más cárteles especializados procedentes en su mayoría del extranjero y eso motivó que "entre las mismas organizaciones hubiera ajustes de cuentas, robo de mercancías, chivatazos, secuestros, robos, palizas... de todo".

La Policía se tuvo que adaptar a las nuevas circunstancias e ir incrementando su organigrama conforme se complicaba la situación. Cabrera señala que en 1973 sólo había en Málaga tres grupos policiales contra la delincuencia común. Uno para robos, otro para hurtos y estafas, y otro para delitos contra las personas. La cuarta que se creó fue la de atracos porque en aquellos años los delincuentes empezaron a usar pistolas y, posteriormente, apareció el tráfico de estupefacientes, para lo que se creó en Málaga el grupo Costa del Sol. Se establecieron en la Costa diversos grupos de delincuentes agrupados por nacionalidades y se hizo necesario crear un grupo de delincuencia internacional. Dicho de otra forma, en sólo unos años se duplicó el número de grupos especializados policiales.

No fue por gusto. Los marroquíes traían hachís "y al principio era complicadísimo cogerlos porque siempre venían en barcas por el campo de Gibraltar cuando había luna nueva. Pasamos de coger chinas de hachís a saber que todos los meses introducían alijos de 200 ó 300 kilos por lo que literalmente nos volvimos locos detrás de ellos. Tuvimos algunos éxitos pero la mayoría fueron fracasos".

La heroína era coto de los turcos, la cocaína de los colombianos y hasta la mafia italiana tenía ramificaciones y bases asentadas en la Costa del Sol. El trabajo policial era cada vez más intenso aunque el mayor golpe que dieron fue casi fruto de la casualidad. En 1989, un turco que había estado en la cárcel, al sentirse desplazado por su organización criminal, sirvió de confidente a Cabrera. "Me pidió quedar libre de una denuncia y 5 millones de pesetas y, tras consultarlo con mis superiores, lo pudimos conseguir", señala. Gracias a sus confidencias desarticularon una banda internacional con varias cabezas e incautar cerca de 200 kilos de heroína "cuando lo máximo que habíamos conseguido pillar hasta ese momento eran alijos de cinco o siete kilos". Fue la mayor operación antidroga de Europa en ese momento con cerca de 30 detenidos, si bien en apenas unos meses los turcos enviaron sustitutos para restablecer la red "porque había mucha mercancía entregada y no cobrada".

Una de las situaciones que más impactó a Cabrera fue encontrar en un chalé de Pedregalejo "a 17 jóvenes heroinómanos que se acababan de poner sus dosis, estaban atontados y había dos críos en el suelo que se estaban revolcando en las heces, mientras un camello recién llegado de Holanda estaba pesando y adulterando 60 gramos de heroína. Fue un cuadro tremendo". Este policía tampoco es capaz de olvidar la imagen de un chico que encontraron muerto en 1982 con una jeringuilla clavada en el brazo bajo el puente de Tetuán, en el Guadalmedina, y que fue la primera muerte por sobredosis o adulteración que vio la Policía en Málaga. "Otro año hubo 15 muertes de este tipo y luego ya perdí la cuenta", afirma resignado Cabrera quien, desde la tranquilidad del retiro, expone sus recuerdos para dar a conocer todas esas vivencias y, de paso, ayudar a otros compañeros porque la experiencia siempre es un grado.

Fuente: malagahoy.es

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Publicado en el diario Sur en marzo de 2009

El comisario de Policía jubilado José Cabrera, que perteneció a un grupo pionero en la investigación de estupefacientes en España, presenta hoy en El Corte Inglés su libro 'Vivencias de un policía. Tráfico de drogas en la Costa del Sol 1976-1992', en el que revela entresijos de las grandes operaciones que llenaron las páginas de los periódicos.

¿Qué le lleva a un policía a escribir sus vivencias profesionales?
Fue una inquietud que tenía siempre. En aquellos años pensé escribir un diario sobre nuestras vicisitudes, pero el tiempo nunca me lo permitió. Una vez jubilado, empecé a repasar documentos, copias de informes que había hecho, fotografías. Y me reavivó el deseo que tenía de escribir. Pensé que si no escribía esa parte de la historia de la lucha contra el narcotráfico en la Costa del Sol se perdería.

¿Qué tiempo ha empleado en escribir el libro?
Lo inicié en octubre de 2003 y lo terminé en noviembre de 2004, pero a tiempo parcial. Después añadir algunas cosas, a raíz de la muerte de aquel niño en una peluquería de Marbella a consecuencia de un ajuste de cuentas. En algunos de los informes ya decíamos que sucedería.

Desvela nombres y apodos de confidentes, ¿no teme que alguno de ellos le incomode figurar en el libro?
No, no. Están cambiados. No hay ningún nombre real de confidentes en el libro. Son nombres supuestos. Los nombres de los traficantes también han sido cambiados, no los de aquellos que salían con frecuencia en los medios. Estamos hablando de personajes públicos. Sí figuran los nombres de los compañeros porque no he querido arrogarme el protagonismo de aquella historia.

El libro pone de manifiesto la entrega y dedicación de aquellos policías de los años setenta y ochenta, sin horas ni días de descanso, sin medios. ¿No cree que ahora el policía está más cómodo?
Yo creo que ahora se confía más en la tecnología, en las nuevas herramientas. El disponer de ordenador y de una base de datos es importante para investigar. Nosotros no teníamos nada de esas cosas. Creo que ahora están más volcados en la tecnología que en visualizar la actividad de los delincuentes en la calle. Eso requiere mucho tiempo, mucho esfuerzo. Es otra forma distinta de trabajar y de investigar. Aquella era la Policía en estado puro. Antes teníamos que ir a la calle a descubrirlos y hoy, con los ordenadores y las bases de datos se consiguen sacar hilos para investigar. Cuesta mucho salir de la oficina.

¿No está excesivamente mitificado el Grupo Especial de Investigación de Estupefacientes 'Costa del Sol'?
Fue una época. Hoy en día, ¿quién se acuerda del grupo? Sólo los de mi generación. En el cuerpo sí fue mítico. Estaba considerado dentro de la corporación. La mitificación vino por la cantidad de trabajo que hacíamos. En 1980 nos dieron el Master de Popularidad. Por tanto, esa mitificación no fue gratuita.

En su libro no sale muy bien parada la Guardia Civil.
No, no es eso. En aquellos tiempos había una rivalidad entre los dos cuerpos. Y lo que cuento es porque se producían interferencias o choques que no pasaban a más. Era evidente. En el libro no cuento los méritos de la Guardia Civil; cuento lo que a veces, con nosotros, ocurría.

¿Desaparecerán algún día los recelos entre los dos cuerpos?
Recientemente he leído que se produce algún problema. Siempre ha habido sus más y sus menos. Son dos maneras distintas de concebir la operatividad y la actuación. Nosotros éramos un grupo de inspectores, todos iguales, y ellos estaban sometidos a una jerarquía. Yo he recurrido a la Guardia Civil en algunas operaciones, pero ellos no han recurrido a nosotros.

Fuente: diariosur.es

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Publicado en el periódico El Mundo en marzo de 2009


El ex comisario del Cuerpo Nacional de Policía José Cabrera Lobato, que entre los años 1976 y 1992 dirigió la mayor parte de las actuaciones contra el narcotráfico desarrolladas en la Costa del Sol ha querido plasmar en un libro los aspectos de los diferentes operativos que sólo los protagonistas de los mismos conocen, ya sean agentes de la Policía o delincuentes.

En su primer libro 'Vivencias de un policía. Tráfico de drogas en la Costa del Sol 1976-1992', que a partir de las 19.30 horas de hoy se presenta en el ámbito cultural de El Corte Inglés, Cabrera pone fin a las inquietudes que mientras combatía el tráfico de estupefacientes fue creciendo en él. "Me planteé el escribir un diario, pero el trabajo era agobiante", advierte. Aparcado el uniforme, retirado en su casa de campo ha encontrado el tiempo y la inspiración necesaria para inmortalizar en papel las anécdotas y curiosidades que fue acumulando durante los 14 años que estuvo luchando por evitar la entrada de droga a través del Estrecho.

Cabrera, junto a otros cinco agentes, conformaron el primer grupo policial de la Costa del Sol especializado en narcotráfico. Fue el germen de la actual Unidad de Lucha Contra la Droga y el Crimen Organizado (Udyco). El ex comisario asegura que pese a que los tiempos han cambiado mucho en todos los aspectos hay algo que no varía: "Los delincuentes siempre tienen más medios que la Policía". Cabrera refleja en su libro los seguimientos a traficantes de hasta cinco días que él y sus compañeros llegaron a realizar. "Mientras que los árabes se desplazaban en Mercedes y BMW, nosotros les teníamos que perseguir con un Seat 850".

Todo era diferente. El protocolo de actuación no se parece en nada al actual. Tanto es así, que el propio Cabrera, pese a sus éxitos policiales y control sobre el tráfico de estupefacientes, reconoce que no sabría que hacer si ahora le llamaran para formar parte de un operativo policial. En aquellos años no había teléfonos móviles y los pinchazos telefónicos estaban a la orden del día. Sin embargo, los delincuentes siempre iban por delante. "En 1984 vi el primer teléfono móvil de mi vida. Lo llevaba un marroquí y era del tamaño de una maleta", asegura.

Aunque asegura que nunca temió por su vida, sí que lamenta los malos ratos que hizo pasar a los suyos. "Había veces que salía de casa por la tarde para volver a medianoche y aparecía a los cinco días". Y es que, "se sabía cuando se salía de casa, pero no cuando se regresaba". Su mujer, como las del resto de sus compañeros, no sabían de ellos más que cuando uno podía acercarse a una cabina para telefonear a casa.

Con su obra, Cabrera lo que pretende es sacar a la luz el sacrificio que realizaron él y sus compañeros en los años en los que la droga comenzaba a entrar por la costa. Cuando "lo único que se sabía en la Policía sobre estupefacientes era lo que decían los informes que publicaba la Organización Mundial de la Salud", apunta. Su deseo es que alguien continúe con la labor que él ha comenzado y plasme en un nuevo libro la forma de combatir el narcotráfico, con sus aciertos y errores, que realiza desde 1992.

Fuente: elmundo.es